Un método que prepara las condiciones para que las cosas ocurran. Una manera de trabajar emocionante, sorprendente y llena de magia, donde la intuición se desarrolla y se eleva a capacidad de incalculable valor.

Una mentalidad donde se fomenta la creatividad, el trabajo en equipo, el pensamiento crítico, la colaboración, la empatía y el aprendizaje (competencias del siglo XXI); siguiendo un sencillo proceso inspirado y basado en el Design Thinking o pensamiento de diseño.

Una metodología de consecución de retos focalizada en el proceso más que en la solución. Las personas adultas facilitan el proceso; los niños, niñas y jóvenes lo protagonizan y lo lideran.

La educación es tuya ¡evoluciónala!

FASES DFC.

La metodología Design for Change se basa en cuatro fases de trabajo ideadas por DFC Global: FEEL, IMAGINE, DO and SHARE (FIDS, en sus siglas en inglés).

A su traducción en español le hemos añadido una fase más: SIENTE, IMAGINA, ACTÚA, EVOLÚA y COMPARTE. Consideramos el aprendizaje tan importante, que sentimos la necesidad de extraerlo del original COMPARTE en inglés, y crear una fase propia, EVOLÚA, dedicada a evaluar y evolucionar.

La puesta en práctica de la metodología DFC impulsa el I CAN Mindset y lo incorpora en sus protagonistas, que aprenden que sí pueden, que son importantes, que el cambio es posible y que pueden impulsarlo. Si además realizan un proyecto DFC, este aprendizaje se quedará más fácilmente grabado en su memoria y serán capaces de aplicarlo en cualquier situación; ya que el ser humano solo puede recordar entre el 10 y 30% de lo que escucha, y si lo lleva a la práctica, este indicador se eleva hasta el 90% (Cono de la Teoría del Aprendizaje (Edgar Dale, 1946).

Pararse y preguntar a los niños y niñas qué les preocupa. Fomentar la investigación para comprender mejor las situaciones de su entorno que les gustaría cambiar y mejorar. La clave está en observar y generar conversaciones, para conseguir identificar finalmente un aspecto del entorno cercano sobre el que les gustaría actuar, algo que de verdad les preocupe y les concierna. Así conseguirás que se motiven.

¿Cuál es el ingrediente clave? Desarrolla EMPATÍA.

Se trata de proponer el mayor número de ideas posible (y cuanto más locas, mejor) para resolver la situación elegida. Con la solución más interesante para el grupo se hace un prototipo, se prueba, y se elabora un plan de acción. Lo importante es ser conscientes de que se a llevar a cabo un cambio real. Quizás haya que aterrizar la idea inicial y hacerla “realizable”: es una oportunidad para conseguir realizar su proyecto sin depender de nadie.

¿Cuál es el ingrediente clave? Desarrolla CREATIVIDAD.

Es el momento de poner en práctica la solución que han diseñado. Quizá las acciones no salgan tal y como las habían imaginado, pero no hay que frustrarse. Más adelante se podrá mejorar y llevar a cabo acciones más evolucionadas: lo importante es que su proyecto no se que quede en una idea. Demuestran con orgullo que también PUEDEN. ¡Claro que sí!

¿Cuál es el ingrediente clave? Desarrolla CONFIANZA.

A través de la reflexión, evalúan la experiencia vivida y encuentran las claves para evolucionar de cara acciones futuras. Esta fase es clave, ya que el verdadero crecimiento viene como consecuencia de la reflexión sobre la vivencia. Normalmente, tras hacer cualquier cosa, nos ponemos a pensar en lo siguiente sin meditar sobre lo vivido y aprendido. Por eso, para un aprendizaje real, es muy necesario pararse y reflexionar.

¿Cuál es el ingrediente clave? Desarrolla PENSAMIENTO CRÍTICO.

Llega el momento de contar su historia de cambio a la gente más cercana y al mundo. La misión es extender el I CAN Mindset. Al compartir su proyecto, les estamos demostrando que lo que han llevado a cabo es importante. Por medio de una ficha y un vídeo, su aprendizaje se comparte e inspira al mundo entero. Ahora es el momento de celebrar que son protagonistas del cambio.

¿Cuál es el ingrediente clave? Desarrolla COMUNIDAD.